El OLOR VIRIL impregna el aire de cualquier encuentro de HOMBRES FETICHISTAS

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En todos los encuentros, fiestas, clubes de sexo en el mundo se les informa a los asistentes que  deseen asistir limpios que se laven previamente con jabón neutro (sin olor) y que no se pongan desodorante. Esta recomendación es para facilitar la formación de una atmósfera ambiental que surja del desprendimiento  de los olores corporales de los hombres que participen en el encuentro.

Los olores viriles es una constante de cualquier relación entre machos, cualesquiera sean  la fantasías fetichistas que los convocan.

Algunos de estos machos son además muy afectos a olores extremos (ejemplo cuerpos sucios);  sin embargo hay olores que atraen a todos. Hablar de ellos es una manera  de abrir más intensamente las fosas nasales y preparar eróticamente el olfato.

La sudoración general invade todos los cuerpos. Un ambiente refrigerado o super calefaccionado altera el espontáneo acercamiento de esos mismos cuerpos.

El ajetreo sudoroso permite que ciertas partes se vuelvan más intensamente olorosas y se atraigan mutuamente. Quizás sean las axilas (sobacos) las primeras que las narices registren. Pasarlas por alto, no jugar con ellas, no lamerlas es desperdiciar una buena fuente de satisfacción.

Todo hombre peludo fetichista no comparte ninguna idea de depilación no solamente porque los pelos son un signo de masculinidad, sino que son una fuente de fuertes olores viriles.

No es fácil determinar cuáles son las partes peludas más olorosas, pueden ser los pechos, las axilas, las barbas los genitales y el culo. El olfato de cada uno va a descubriendo donde están los olores más eróticos de los otros hombres.

Las fosas nasales abiertas y en contacto con el vello alrededor de la pija y las bolas son una fuente de placer  que se prolongan en ese canal lleno de pelos que conducen hasta el culo. Unos besos negros para ser gozosos necesitan que la lengua se complemente con la nariz. Es imperdible el juego de chupar y oler culos peludos.

Y después de tomar aire del ambiente, el paso siguiente es buscar los olores sudorosos de los pies. Una forma de incentivar estos olores es que hasta estos momentos los compañeros conserven sus medias y calzados puestos. A medida que los pies empiezan a desnudarse se aprecian sus aromas. Oler, lamer y relamer uno y otro dedo, son un mismo acto de excitación y goce.

Algunos machos no se conforman con todos estos placeres olfativos y quieren más. Buscan las segregaciones no sudorosas y los olores penetrantes de los cuerpos sucios.

El olor del esperma de unos y otros más que sedar pueden ser una manera de volver a empezar o una invitación olorosa a los posibles recién llegados. Una pija que no se ha limpiado por varios días en machos no circuncidados que al correrse el prepucio muestran un glande semirecubiero con una sustancia blancuzca es para algunos fetichistas una escena visual y olfativa muy atractiva.

De  la pijas también fluyen los meos. Ese líquido tibio que moja los cuerpos al mismo tiempo transmite su propio olor. En esos momentos son el olfato y el tacto que se alinean en un mismo goce. El líquido circula. Impregna  el vello, penetra en los intersticios y algunos hombres lo aprovechan para frotarse mutuamente.

Y de la pija al culo. Los pedos por su ruido convocan a los oídos como anticipo del olor buscado: el olor a mierda, cuanto más intenso mejor.

Hay más olores todavía, las de las ropas limpias y sucias.

Los hombre amantes del latex y el cuero, se atraen como los perros en celo por el olor que desprenden esos materiales. Los calzoncillos con varios días de uso tienen un olor y sabor agrio y dulce a la vez (orín, semen y mierda). La satisfacción se produce por verlos, oleros, lamerlos y gustarlos. Una combinación mayor es agregarle el olor sudoroso del interior de zapatillas, botas y borcegos y de media usadas.

Los olores de los machos están presentes en cualquier práctica fetichista, algunos provienen biológicamente de la manifestación de las hormonas, otros los van segregando los cuerpos a medida que se entrecruzan con otros cuerpos, recién lavados o mugrientos, vestidos o desnudos.

Buenos Aires, agosto 2015