El término inglés “bondage” significa esclavitud, servilismo.

Para el macho atado las sensaciones que le surgen son de un hombre indefenso que intenta luchar contra las restricciones que un macho dominador le ha impuesto.

Las  ataduras son vividas como peligrosas y riesgosas, pero como es un juego sexual acordado se realiza de manera segura. Para el que ata la incomodidad y vulnerabilidad de su víctima suele generar una corriente erótica mutua.

Los materiales con los que puede ser atado pueden originarle también emociones intensas, pues las correas de cuero, las gomas, la cinta adhesiva tienen una cualidad fetichista.

Estas restricciones de movimiento pueden hacer aumentar el placer del orgasmo, mediante las exigencias del dominador del control de la eyaculación del dominado.

Este hombre restringido en sus movimientos suele ser también pasivamente dominado por una penetración y sufrir dolor por azotes y cualquier otra forma de violencia placentera, mutuamente consentidas.

El bondage implica la renuncia total al control sobre el propio cuerpo y constituye una erotización de la inmovilidad y la indefensión. No se puede practicar el bondage sin entregar completamente la propia voluntad al compañero de juego, o sin confiar plenamente en él. Su máximo atractivo es, pues, la erotización de la entrega total. La impotencia, el miedo y el horror no pierden grado alguno de excitación.

Hay tres elementos que forman parte del juego: la fomentación del deseo, la rendición al Amo, y la cosificación de la persona.

El dominante disfrutará del control de la situación y del poder de moldearla. Se sentirá un conductor y creador de sensaciones para su dominado.