(Spanking en inglés)

Los azotes para algunos hombres tienen disparadores eróticos originados en experiencias reales o fanteseadas de castigos en la primera infancia propiciados por mayores que consideraban que los menores debían ser castigados por haber realizado alguna actividad prohibida.

Estos hombres mayores producían un sentimiento contradictorio, por un lado se les temía y por el otro eróticamente se les deseaba.

En el juego sexual, los azotes estimulan hasta producir dolor y son partes centrales de las relaciones sado-masoquistas.

Los glúteos, los muslos o la espalda son los objetivos principales

Un masoquista consigue un fuerte sabor de humillación y despojo cuando expone ante el sádico zonas del cuerpo tabú, como son el culo y los genitales.

La emoción es compartida entre el hombre que azota y el hombre azotado. Ambos suelen estar muy atentos para saber cuánto dolor puede producirse y cuanto de ese dolor puede ser soportado.

Para el que juega el rol de sádico el goce está en asumir el poder y la autoridad, ejerciendo el control sobre el otro quién se sentirá cada vez más dependiente.

Este poder y dependencia a la vez puede hacer entrar a ambos en una desorientación muy gozosa e independencia del mundo que los rodea.

Fotos y dibujos nos ilustran mucho mejor de estas fantasías y estas experiencias.