Hombres gordos, a veces corpulentos y peludos (Osos)

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Parecería que sólo algunos gays son todos los gays, que van a algunos boliches, que eligen sólo uno de los saunas y que prefieren mirar películas porno con jóvenes similares a ellos. Son los que forman parte de esa estética de hombres lampiños o muy afeitados (por todo su cuerpo), con músculos de gimnasio y muy bien vestidos a la moda. El resto de los hombres gay parecería que no existen o se decide que sean invisibilizados.

Sin embargo a fines del siglo pasado empiezan a aparecer por los lugares públicos de levante y encuentro, otros tipos de aspecto muy distinto: barbudos, barrigones, corpulentos, vestidos con viejos vaqueros, vello en el pecho que asoma en camisas a cuadro entreabiertas. Suelen mostrarse en actitudes de machos, a veces rudos y a veces muy afectuosos.

Esta visibilidad cada vez mayor dio origen al desarrollo de la llamada cultura “osuna”.

Se descubre un “cuerpo deseable” hasta entonces atípico, que sin embargo produjo la identificación de un enorme número de personas. Y junto con ellos aparecen los admiradores que dicen encantarles este tipo de hombres, y que escondían estos gustos, por temor a que nadie los compartiría.

Un admirador suele ser o parecer mucho más joven que desea verse envuelto, acurrucado por esos cuerpos irradiadores de calor físico, amorosos y sensuales.

Los osos se buscan y se desean también entre sí y y aquellos otros jóvenes con un cuerpo similar a los osos maduros intentan adquirir paulatinamente las características de sus iguales mayores.

Los osos han producido un efecto de subversión: es una estrategia de resistencia contra la tendencia dominante de valoración de un tipo de cuerpo/edad y sexualidad. Genera nuevos espacios de relación y de disfrute, y ha demostrado que existe una diversidad mucho mayor en las formas de relacionarse de los gay que la que se ofrece habitualmente.  La imagen hombres barbudos y peludos besándose, chupándose y cogiéndose  rompe el molde del “mariquita-loca-afeminado”.