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Los sobacos (en lenguaje vulgar y popular) no son una parte del cuerpo inicialmente erótica, pero la mirada hacia ellos nunca ha sido indiferente en los machos gay. Lo que más atrae visualmente es la densidad del bello a veces formando una continuidad con los pelos del pecho y los olores que se desprenden de la sudoración.

Algunos hombres buscan las axilas después de haberse detenido en las tetillas. La nariz y la lengua son los instrumentos de exploración. A veces el que explora se muestra muy activo, otras veces es una actividad mutua e intensamente compartida entre el que las ofrece y el que las recibe.

Los desodorantes son muy mal venidos, no sólo impiden que los sobacos respiren libremente y emitan sus olores naturales, sino que adquieren un sabor desagradable para unas lenguas juguetonas y lujuriosas.

El placer que les produce a todos los que participan se ve muy bien reflejadas en las imágenes siguientes: